ABEJAS EN LA CIUDAD
ilustración hecha a partir de un retrato de nic Dowse de Honey Fingers

NIC DOWSE

Nic Dowse es el fundador de Honey Fingers, un colectivo apícola muy particular establecido en Melbourne (Australia). Desde Honey Fingers, Nic desarrolla su labor de apicultor urbano, formador y divulgador. Pero Honey Fingers es mucho más; es también un estudio creativo y artístico desde donde escribe poesía, crea instalaciones, performances y esculturas en colaboración con diferentes artistas. Y todo explorando siempre las conexiones entre abejas y humanos.

En esta nueva entrada de Zumbidos hablamos con Nic sobre Honey Fingers y los proyectos que desarrollan, el por qué Australia es un sitio privilegiado para las abejas, la relación entre arquitectura de las abejas y arquitectura modernista; y todo lo que nos ha dado tiempo a poder preguntar a una de las personas que más admiramos por el enfoque de su trabajo y los proyectos que desarrolla.

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Somos grandes admiradores del trabajo que haces en Honey Fingers, así que estamos muy agradecidos de poder tener la oportunidad de mantener esta conversación contigo.

Creaste Honey Fingers en el año 2013, y desde entonces el colectivo no ha parado de crecer, pero ¿Cuándo y por qué empezó tu conexión con las abejas?

¡Hola desde Australia! ¡Espero que todo vaya bien por allí!

Las abejas en los patios o jardines de los vecindarios, siempre estuvieron presentes durante mi infancia.  Dos de mis vecinos tenían colmenas, y había alrededor de cuatro o cinco en mi calle. Que una abeja te picara mientras corrías descalzo por el patio, jugando al criquet, era algo normal.

Presencié mi primera captura de enjambre cuando tenía unos ocho años. Jim, que vivía dos puertas más abajo, trepó a nuestro árbol de coral con una caja de cartón para recuperar a sus abejas. Él me enseñó también a extraer miel en un extractor de miel casero, en su garaje.  Era un hombre de pocas palabras, pero un buen apicultor. Mi fascinación por las abejas y la miel no paró de crecer desde entonces.

Tu experiencia anterior como arquitecto juega, seguramente, un papel importante en el origen de Honey Fingers. En tu opinión, ¿cómo de estrecha es la relación entre la arquitectura y las técnicas más contemporáneas de apicultura, o entre la arquitectura y las estructuras de las abejas?

¡Esta es una cuestión importante y una en la que he estado investigando durante mucho tiempo! En mi primer estudio de diseño en la escuela de arquitectura, me sumergí de lleno en la arquitectura del super-organismo de la abeja de la miel, y empecé a explorar la intersección entre la arquitectura de la abeja de la miel y la humana (esto es un ejemplo de «bee cultures», de la que hablo más adelante). Hay mucho de arquitectura y diseño en la apicultura.  Lo más maravilloso de la apicultura es que nosotros, los humanos, sabemos que las abejas de la miel, Apis mellifera, anidan en cavidades.  Esto significa que las abejas buscan una cavidad o hueco, para anidar o para construir sus panales dentro. 

Los seres humanos se han convertido en expertos en el diseño de estas «arquitecturas» (colmenas) para que las abejas construyan su propia «arquitectura» (nidos en forma de panales) en su interior.

Hasta hace unos 70 años, esto parecía resultar beneficioso para ambas partes: funcionaba para las abejas y para los humanos. Se cuidaba, más o menos, a las abejas a cambio de comida y polinización. Sin embargo, a mediados del siglo XIX, con la llegada de la industrialización y la apicultura moderna, la salud y la población de las abejas experimentaron una crisis. Este estado de crisis continúa hoy día.

Curiosamente, existe una fuerte correlación entre la arquitectura modernista y el diseño moderno de colmenas. Analizar este cambio histórico en la apicultura demuestra cómo las soluciones “sobre-diseñadas” para sistemas naturales puede ser problemático y llevar a resultados imprevistos. Los lectores que estén interesados en esta investigación pueden leer el artículo «Unboxing Modern Beekeeping» aquí.

Photo © Honey Fingers

Honey Finger loves “bee cultures”, esta frase se puede ver en la página web de Honey Fingers. Usáis este término para describir la especial relación que existe entre las abejas y los humanos. Nos gustaría saber más acerca de esta cultura o relación existente entre los humanos y las abejas, ¿en qué consiste? ¿Ha cambiado mucho a lo largo de los años?.

“Bee Cultures» es un término maravilloso que leí por primera vez en el exhaustivo trabajo publicado por Eva Crane (una apicultora realmente inspiradora). Es una frase que describe las culturas que existen entre las abejas y los humanos e incluye, por ejemplo, la profunda historia detrás de la apicultura y la caza de la miel que encontramos en el registro arqueológico. Esto abarca todo, desde el arte rupestre de hace 10.000 años, que representa la caza de la miel, a fragmentos de cerámica antigua de hace 3.000 años, que ayudan a visualizar la historia de la apicultura; así como las historias más recientes del diseño de colmenas, la desaparición de las tradiciones apícolas, y la importancia de la apicultura en las economías humanas. En épocas recientes, términos como “más que humano” y “no humano” han llegado a ocupar un espacio conceptual similar (aunque distinto). “Bee cultures” es una idea tan maravillosa que hace que el apicultor se sienta parte de algo mucho más grande que ellos mismos: continuamos praticando tradiciones ancestrales compartidas por humanos de todo el planeta.

Y lo más importante, es un recordatorio de que la apicultura se trata en realidad de abejas, flores y los ecosistemas de los que dependen nuestros colmenares para ser felices y estar sanos.

Sentimos mucha curiosidad acerca de la estructura de Honey Fingers, ¿Es una organización o colectivo basado en un grupo fijo de personas (cada una con un rol específico) o, por el contrario, se trata más bien de una estructura abierta en la que participan diferentes personas dependiendo del proyecto?

Es una estructura abierta y cambia de temporada a temporada y de proyecto a proyecto. Hemos colaborado con muchos apicultores y artistas a lo largo de los años: algunos continúan involucrados, y otros no. Yo asumo la responsabilidad principal de gestionar las colmenas y el trabajo apícola, pero trabajo de forma colaborativa en proyectos creativos, con una variedad de colmenas de abejas y humanos: arquitectos, cocineros, fotógrafos, ceramistas, músicos, cineastas, etc.

Honey Fingers funciona como un networking de apicultura, pero es mucho más que eso, es también un proyecto creativo. Poesía, exposiciones de arte, cursos y charlas, son algunas de las secciones del proyecto completo. ¿Cuál es tu parte preferida y por qué?

¡Esta es una cuestión sobre la que hablamos bastante! Hay dos cosas que me gustan especialmente. La primera es el simple hecho de ejercer la apicultura en colmenas que me ocupo de cuidar, con buenos amigos. Aún me aporta mucho placer y una tranquila sensación de esperanza.

La segunda serían los proyectos escultóricos, donde literalmente investigamos las conexiones (un trozo de panal unido a un objeto), entre las abejas de la miel y el tema de esa temporada: abejas y comida (“Bread and Honey” [2015] y “Bee Bread” [2018].; o los subproductos que resultan de elaborar trabajos en cerámica (MUD collaboration [2021]); o turísticos (Postcards/There are No Words [2017]).

Mud Australia and Honey Fingers, Photo © Phillip Huynh

Australia es uno de los mejores sitios para vivir si eres una abeja. No hay varroa (afortunadamente para las abejas australianas), pero esta no es la única razón que hace de Australia el sitio perfecto para las abejas hoy en día, ¿por qué?

Cuando mis amigos de otros continentes nos visitan y practican la apicultura aquí, a menudo abren por primera vez una colmena libre de varroa. Colmena a colmena, ninguna tiene varroa. Nos sentimos muy agradecidos y afortunados  de que nuestras autoridades locales y asociaciones apícolas trabajen duro para monitorear esta situación y evitar que la varroa llegue aquí.

Pero teneís razón: existen, además, otros aspectos positivos. Tampoco tenemos avispón asiático, que ha demostrado ser muy destructivo en Europa. Australia tiene también poblaciones muy fuertes de abejas no gestionadas por el humano. Aproximadamente el 70% de nuestras abejas no están gestionadas y viven en estado «salvaje”. Esto no solo facilita mucho la libre polinización, sino que también contribuye a la diversidad genética. Pero quizás lo más interesante para las abejas de aquí (y señalo que la Apis mellifera es una especie introducida), es el hecho de que todas nuestras especies arbóreas dominantes requieren de la polinización de insectos, pájaros y marsupiales. Tenemos bosques de ecucaliptos en flor, leptospermum, melaleuca. Todos estos árboles tienen mucho néctar y polén. Comparad eso con, por ejemplo, los bosques de robles y coníferas polinizados a través del viento en Europa. Hay una gran cantidad de alimento para las abejas en los bosques australianos. Nuestros bosques están literalmente llenos de néctar.

Uno de los proyectos de Honey Fingers que más nos gustan es “Bee Bread / Ferments” de 2018. En ese proyecto, realizado conjuntamente con la panadería All Are Welcome en Thornbury, Victoria, se muestra que las abejas de la miel y los humanos utilizan el mismo tipo de tecnología alimentaria, la fermentación. ¿Qué puedes decirnos de este proyecto?

Ese es mi proyecto favorito, el que cuestiona la relación entre la ciencia de los alimentos, el arte y la apicultura. La mayoría de la gente es consciente de que las abejas “cocinan” néctar reduciendo el contenido de agua y amentando el contenido de azúcar. Este proceso de reducción convierte el néctar en miel, y es parecido a la forma en la que los humanos cocinan y reducen fresas para hacer mermelada. ¡La miel es como una mermelada hecha de néctar por las abejas!

Las abejas necesitan miel para alimentar a toda la familia de abejas, pero especialmente a los adultos que tienen una dieta alta de carbohidratos, y son los encargados de buscar alimento y trabajar en la colmena.

Pero mucha gente no se da cuenta de que las abejas también necesitan grasas, proteínas, vitaminas y minerales que se encuentran en el polen. Este es un alimento que las crías necesitan para crecer.

De la misma manera que los humanos no pueden almacenar para siempre alimentos como leche fresca o carne de cerdo, las abejas no pueden almacenar polen en una colmena cálida y húmeda sin que se eche a perder. La solución que siguen las abejas para conservar la comida y controlar la velocidad de descomposición de esta, es la misma tecnología alimentaria que usan los humanos: la fermentación. Fermentamos la leche para crear queso o curamos la carne de cerdo para crear jamón. Estos alimentos fermentados duran mucho más que la carne cruda o la leche fresca.

Las abejas también fermentan los alimentos. Fermentan el polen para crear lo que los apicultores llaman «pan de abeja». El polen curado dura mucho tiempo en la colmena. Las abejas usan un fermento de ácido láctico (lactobacillus), que es el mismo proceso que utilizan los humanos para crear un iniciador de masa madre. Para “Bee Bread/Ferments”,  inoculamos masa madre en una colmena especialmente modificada, utilizando el bioma de la colmena como iniciador. Después, creamos una serie de esculturas de pan y panal de abeja dentro de marcos de colmenas, como resultado de la investigación.

Bee Bread / Ferments, 2018 Photo © Honey Fingers

Tenemos entendido que el tipo de apicultura que llevas a cabo en Honey Fingers es del tipo “poco intervencionista”. ¿Cuál es la diferencia entre este tipo de practica y la más común o tradicional?

En resumen, solo intervenimos si es necesario. Intentamos dejar que las abejas se gestionen solas. Tendemos a ver las prácticas apícolas «convencionales» como opcionales, no como estandarizadas.  Por ejemplo, no usamos rejillas excluidoras de abejas reinas en la mayoría de nuestras colmenas. Dejamos que la reina extienda el nido de cría en primavera y esperamos hasta final de la temporada, cuando los marcos superiores se transforman en miel, antes de extraerla. Tampoco usamos láminas de cera para nuestros marcos, solo usamos tiras de cera de arranque. Esto permite que las abejas puedan construir su propio panal en el tamaño que deseen. Esto normalmente facilita que se den muchas más celdas de zánganos, lo que garantiza una mayor diversidad genética en las poblaciones locales de abejas. También, cuando es posible, dejamos que las abejas reemplacen a su reina ellas mismas. Esto permite que se establezcan ellas mismas de forma genéticamente fuerte y localmente adaptadas. ¡Algunas de nuestras colmenas no han reemplazado a ninguna reina en siete años! Sin embargo, sí que reemplazamos a la reina de una colmena si el contexto urbano (con muchos humanos alrededor) se considera muy defensivo, o si la colmena pierde de forma repentina a la reina. Intervenimos si tenemos que hacerlo, pero intentamos que las abejas se gestionen por ellas mismas si es posible.

Hemos mencionado antes que tu trabajo va desde tu actividad como apicultor, poeta, escultor, formador, conferenciante, y seguro que abarca otras muchas ocupaciones. Pero, ¿cómo logras realizarlas todas? ¿Cuál es el punto en común entre tu trabajo artístico y el de apicultor urbano?

Si os soy sincero, a veces es complicado. Hacemos muchas cosas, pero no es una tarea a tiempo completo. No somos un empresa que se dedique a la miel y que vaya creciendo cada año para satisfacer una demanda creciente. Tampoco somos un colectivo artístico que se dedique a tiempo completo a trabajar en la escena artística, de galerías o residencias y becas artísticas. No soy escritor a tiempo completo y no participo en festivales literarios. Pero soy apicultor. Todo, directa o indirectamente, tiene que ver con la apicultura. Puede que no sea un estilo de apicultura que practiquen muchos otros apicultores, pero es el pegamento que une las muy variadas cosas que hacemos juntos.

Honeycomb Vessel (2017) Artists: Hattie X Honey Fingers. Photo © Honey Fingers

Nos encantaría seguir preguntándote más cosas y conocer más de tu trabajo en Honey Fingers, pero esta es nuestra última pregunta. ¿Hay alguna persona o proyecto que haya influenciado tu forma de trabajar con abejas?

Como mencioné antes, una de mis mayores influencias es Eva Crane. Eva Crane (12 de junio de 1912 – 6 de septiembre de 2007) es para la apicultura lo que David Attenborough es para la radiodifusión y la historia natural. Crane fue una investigadora y autora de temas relacionados con abejas y apicultura. Formada como matemática cuántica, trasladó su campo de interés a las abejas y pasó décadas investigándolas y viajando a más de 60 países. Crane escribió más de 180 trabajos, artículos y libros, muchos de ellos cuando ya tenía 70 y 80 años.

Su interés por las abejas comenzó cuando su esposo y ella recibieron una colmena como regalo de bodas, a la edad de 30 años. La persona que les regaló la colmena, pensó que les ayudaría a complementar la ración de azúcar asignada durante la guerra. Probablemente lo hizo. También desencadenó una vida de trabajo increíblemente minucioso, detallado y completo, y recuperó muchas tradiciones apícolas que ahora, menos de un siglo después, han desaparecido.

Tengo muchos de los libros de Crane en mi estantería.  Ella sigue siendo una inspiración para todos los que hemos empezado a dedicarnos a la apicultura en una fase tardía de la vida.

Muchas gracias por invitarme a participar en vuestro proyecto. Espero que tengáis una temporada apícola saludable y productiva este 2021.

“Sparrows in the supermarket”. Poetry zine launch, MPavilion, Melbourne (March 2020). Photo © Sarah Pannell

Si quieres conocer más sobre los proyectos de Honey Fingers, te dejamos algunos enlaces de interés:

Página web de Honey Fingers: https://honeyfingers.com.au

Perfil de Honey Fingers en Instagram: https://www.instagram.com/honey_fingers/

ENGLISH VERSION

Hi Nic, 

We are great fans of your work at Honey Fingers, so we are very grateful for having the opportunity to have this conversation with you. 

You founded Honey Fingers in 2013, and since then the collective has kept continually growing, but when and why did the connection you have with bees start?

Backyard bees were always around when I was a child: two of my neighbours had hives, and there were around 4 or 5 hives on my street. Getting stung as we ran around the yard, barefoot, playing cricket, was a regular event.  I witnessed my first swarm catch when I was 8. Jim, who lived two doors down, climbed our coral tree with a cardboard box to reclaim his bees. Jim also showed me how he extracted honey in a homemade centrifuge in his garage. He was a man of few words, but was a good beekeeper. A fascination with bees, and honey, has bubbled along since then.

Your architectural background surely plays an important part in the origin of Honey Fingers, in your opinion, how strong is the relationship between architecture and modern beekeeping techniques, or between architecture and bees’ structures?

This is a big question and one that I have spent quite some time investigating! In my first design studio in architecture school I dived straight into the architecture of the honeybee superorganism and began exploring the intersections between honeybee and human architectures (this is an example of ‘bee cultures’, discussed below). There is a lot of architecture and design/making in beekeeping. The wonderful thing about beekeeping is that we humans understand that honeybees, Apis mellifera,  are cavity nesters. This means that they seek out a cavity, or hollow, to nest in, or to build their comb within. 

Humans have become experts at designing these ‘architectures’ (hives) for bees to build their ‘architecture’ (honeycomb nests) within. 

Up until about 70 years ago, this appeared to be mutually beneficial: it worked for bees and humans. Bees were, more or less, cared for in exchange for food and pollination. However, in the mid C19th, with the advent of industrialisation and modern beekeeping, bee health and bee populations experienced a crisis. This state of crisis continues.

Interestingly, there is a strong correlation between Modernist architecture and modern beehive design, and unpacking this historical shift in  beekeeping demonstrates how over-designing solutions for natural systems can be problematic and have unforeseen outcomes. Readers interested in this  research can read the article “Unboxing Modern Beekeeping” here.

Honey Fingers loves “bee cultures”, this sentence is shown on Honey Fingers’ website.  You use this term to describe the special culture that exists between bees and humans. We would like to know more about this culture or relationship between humans and bees, how does it work? Has it changed a lot over the years?

“Bee Culture” is a wonderful term that I first read in Eva Crane’s extensive, published work (Eva Crane, a truly inspirational beekeeper, is discussed more below). It is a phrase that describes the cultures that exist between honeybees and humans and includes, for example, the deep history of beekeeping and honey hunting in the archaeological record. This embraces everything from 10,000 year old cave art that represents honey hunting; to 3000 year old fragments of ancient pottery that help illuminate the history of beekeeping; as well as the more recent histories of beehive designs, vanishing beekeeping traditions,  and the significance of beekeeping in human economies. In recent times phrases such as “more than human” and “non-human” have come to occupy a similar (although distinct) conceptual space.  “Bee Cultures” is such a wonderful idea as it makes the beekeeper feel that they are a part of something much bigger than themselves: we carry forward ancient traditions shared by humans from around the planet earth. We are part of a continuum. And, most importantly, it is a reminder that beekeeping is actually about the bees, flowers, and the eco-systems that our apiaries rely on to be happy and healthy.

We are curious about the structure of Honey Fingers itself, is it an organization or collective consisting of a group of set people (each of one with a specific role) or, on the contrary, its structure is more like an open one, in which people come and go depending on the project?.

It is an open structure and changes from season to season and from project to project. We have collaborated with so many beekeepers and artists over years: some remain involved, some move on. I take on the primary responsibility for managing the beehives and the beekeeping, but work collaboratively on creative projects with a variety of honeybee hives and humans: architects, chefs, photographers, ceramicists, musicians, filmmakers and so on.

Honey Fingers acts as a beekeeping networking but it is much more than that, it’s also a creative project. Poetry, art exhibitions, courses and talks, are some of the sections of the whole project. What’s your favourite part and why?

This is a question we talk about a lot! There are two things that I love the most. The first is the simple act of beekeeping with a hive I have cared for, with good friends. It still brings so much joy and a quiet sense of hopefulness. 

The second would have to be the sculptural projects where we literally investigate the connections (comb attached to object) between honeybees and the topic of that season: honeybees and food (“Bread and Honey” [2015] and “Bee Bread” [2018]); or the byproducts of making ceramic works (MUD collaboration [2021]); or tourism (Postcards/There are No Words [2017]).

Australia is one of the best places to be if you are a bee. There is no varroa (lucky Australian bees), but this is not the only reason that makes Australia perfect for bees nowadays, why is that?

When my friends from other continents visit and come beekeeping, they often open a hive, for the very first time, that is 100% varroa free. Hive after hive is varroa free. We are so lucky and grateful that our local authorities and beekeeping associations work really hard to monitor this situation and stop varroa landing here. But you are correct: there are other positives too. We also don’t have the Asian hornet that has proven to be so destructive in Europe. Australia also has very strong, non-managed populations of bees. Something like 70% of our bees are non-managed and live in the ‘wild’. This is not only providing a lot of free pollination, but also keeps deep lines of genetic diversity. But perhaps the most amazing thing for bees here (and I note that Apis mellifera are an introduced species) is the fact that our dominant tree species all require pollination by insects, birds and marsupials. We have forests of flowering eucalyptus, leptospermum, melaleuca. All of these trees have so much nectar and pollen. Compare that to, say, the forests of wind pollinated forests of oaks and conifers in Europe. There is a great deal of food for bees in Australian forests. Our forests are literally dripping with nectar.

One of Honey Fingers’ projects we like the most is “Bee Bread / Ferments” from 2018. In that project, ran together with All Are Welcome bakery in Thornbury, Victoria, it is shown that honey bees and humans use the same food technology, which is fermentation. What can you tell us about this project?

This is my favourite project that interrogates the intersection of food science, art and beekeeping. Most people are aware that bees ‘cook’ nectar by reducing the water content and increasing the sugar content. This process of reduction turns nectar into honey, much like the way humans cook and reduce strawberries to create jam. Honey is like a jam made from nectar, by bees!

Bees need honey to feed all of the bee family, but especially the adults that run on a high carbohydrate diet as they forage and work in the hive.

But a lot of people don’t realise that bees also need fats and proteins and the vitamins and minerals that come in pollen. This is a food that baby bees need to grow. 

But, in the same way that humans cannot store food like fresh milk or pork forever, bees can’t store pollen in a warm, humid hive without it spoiling. The solution that bees use to preserve the food, and to control its rate of decomposition, is the same food technology humans use: fermentation. We ferment milk to create cheese, or we cure pork to create jamón. These fermented foods last much longer than raw meat or fresh milk. 

Bees also ferment food. They ferment pollen to create what beekeepers call “bee bread”. The cured pollen lasts for a long time in the hive. The bees use a lactic acid ferment (lactobacillus), which is the same process humans use to create a sourdough starter. For “Bee Bread/Ferments” we inoculated a sourdough starter in a specially modified hive, using the biome of the hive as the starter. We then created a series of bread and honeycomb sculptures, inside beehive frames, as the outcomes of the research.

We have learned that the beekeeping practice you carry out at Honey Fingers is a low intervention one. What is the difference between this kind of practice and the ordinary or traditional one?

In summary we only intervene if we have to. We try to let the bees manage themselves. We tend to see ‘conventional’ beekeeping practices as optional, not a default. For example, we don’t use queen excluders on most of our hives. We let the queen expand her brood nest in spring and wait until later in the season, when the top frames are converted to honey, before we rob. We also don’t use wax foundation in our frames– we only use starter strips. This allows the bees to build their own comb in the sizes they want. This usually includes many more drone cells, which guarantees greater genetic diversity for local bee populations. We also, where practical, let bees requeen themselves. This allows really strong and locally adapted genetics to establish themselves. Some of our hives have not been requeened for 7 years! However, we will requeen if a hive in an urban context (with lots of humans around) is very defensive, or if the hive is suddenly queenless. We will intervene if we have to, but try to let the bees manage themselves if we can.

We mentioned before that your work goes between being a beekeeper, poet, sculptor, educator, lecturer, and for sure many more occupations. How do you manage to accomplish all of them, what is the intersection between your artistic work and the one as an urban beekeeper?

To be honest it can be a struggle sometimes. We do so many things, but are not a ‘full time’ anything. We are not a dedicated honey business that expands every year to meet increasing demand. We are not a full time artistic practise that is dedicated to working  the arts, grants and gallery scenes. I’m not a full-time writer,  and don’t participate in that world of writer’s festivals and publishers. But I am a beekeeper. Everything, either directly or indirectly, comes back to beekeeping. It may not be a style of beekeeping that a lot of beekeepers practice, but it is the glue that binds the many and various things we do together.

If you want to get further information about Honey Fingers work, visit the following links:

Honey Fingers’s website: https://honeyfingers.com.au

Honey Fingers’s profile on Instagram: https://www.instagram.com/honey_fingers/